Lila como acorde clave: 6 fragancias para conocedores de la nota
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Alberto Morillas es un nombre que desde hace tiempo es sinónimo de éxito en el mundo de las fragancias. Nacido en la soleada Sevilla en 1950, se trasladó a Ginebra en su juventud, donde su pasión por los aromas tomó un rumbo profesional. Sin terminar la carrera de Bellas Artes, el joven Morillas se sumergió en el estudio de la perfumería y se incorporó a la legendaria empresa Firmenich en 1970. Fue allí, bajo el amparo de este gigante de la industria, donde comenzó la andadura de una de las «narices» con más éxito comercial de nuestro tiempo.
Su carrera es una sucesión de éxitos de ventas conocidos por todos los amantes de los perfumes. La icónica CK One de Calvin Klein revolucionó el mundo en 1994 al introducir la idea de una fragancia unisex. Igualmente icónicas fueron la delicada Flower de Kenzo, la emblemática Miracle de Lancôme, floral y afrutada, y la fresca y optimista Pleasures de Estée Lauder. Su portfolio incluye docenas de éxitos, entre ellos la sensual Bright Crystal de Versace y la rebelde Good Girl Gone Bad de By Kilian.
El estilo de Alberto Morillas se describe a menudo como emocional, fresco e increíblemente armonioso. Trabaja magistralmente con acordes de pureza, bouquets florales y notas amaderadas transparentes, creando fragancias que resuenan en millones de personas. Este talento es muy solicitado tanto por los gigantes de la moda como por las marcas nicho. Ha creado perfumes para Giorgio Armani, Gucci, Mugler, Givenchy e incluso para la asequible Zara.
En 2013, Morillas recibió el prestigioso premio Fragrance Foundation Award por su destacada contribución a la perfumería. Pero sus ambiciones no se detuvieron ahí. En 1999, fundó la línea de fragancias para el hogar Mizensir y, en 2013, presentó al mundo la marca de perfumes nicho del mismo nombre, Mizensir. Se convirtió en su laboratorio creativo, donde el maestro revela plenamente su amor por los materiales raros y las composiciones complejas.
Alberto Morillas es un raro ejemplo de perfumista cuya obra es igualmente adorada por la crítica y el público en general. Sus fragancias, ya sea el escandaloso Tommy Hilfiger Tommy o el sofisticado Vanille 44 Paris de Le Labo, han permanecido en los corazones y en los tocadores durante décadas. Hoy en día, sigue creando y sigue siendo uno de los diseñadores de fragancias más influyentes y prolíficos, cuyo legado ya se ha convertido en parte integral de la historia de la perfumería.
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