Perfumería limpia: ¿qué es una fragancia 'verde'?
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Annick Ménardo es un nombre que suena como una contraseña en el mundo de las fragancias, abriendo la puerta a un universo de perfumes sensuales, atrevidos y absolutamente memorables. Esta leyenda de la perfumería francesa, cuya trayectoria comenzó con estudios de bioquímica y medicina, ha demostrado que crear fragancias no es solo un arte, sino una ciencia precisa de las emociones. Su carrera, que comenzó en la prestigiosa escuela ISIPCA, ha alcanzado cotas increíbles, convirtiéndola en una de las «narices» más solicitadas de nuestro tiempo y en maestra perfumista de la gigante industria Symrise.
Tras graduarse en el ISIPCA, Annick se incorporó al laboratorio Créations Aromatiques bajo la tutela del maestro Michel Almerac y, en 1991, comenzó una larga y fructífera colaboración con Firmenich. Fue allí donde perfeccionó su estilo único, que sus admiradores reconocen desde la primera nota. Menardo es la reina de los contrastes. Combina magistralmente lo incompatible: la dulzura gourmet con las verduras amargas, la vainilla lánguida con el tocino ahumado, las delicadas flores con el pachulí oscuro. Sus fragancias suelen tener una sensualidad hipnótica, casi narcótica, y un ligero toque retro chic que las hace atemporales.
Los mejores perfumes de Annick Ménardo son auténticos éxitos de ventas amados por millones de personas.
Su lista de creaciones de culto está encabezada por el fabulosamente goloso Lolita Lempicka (1997), con su mágica mezcla de anís, cereza e iris. Casi al mismo tiempo, el mundo fue conquistado por el impresionante Dior Hypnotic Poison, una hipnosis lánguida de almendra y vainilla que sigue siendo popular desde hace décadas. No podemos ignorar su trabajo para Lancôme: la seducción floral y ambarina de Hypnose, creada en colaboración con Thierry Wasser.
La cartera de Menardo es un mapa de la industria del perfume. Ha creado fragancias para casas de moda legendarias, como Dior, Givenchy, Lancôme, Giorgio Armani e Yves Saint Laurent. Su talento es muy apreciado en el segmento nicho: para Amouage, creó el lujoso Overture Woman, y para el icónico Le Labo, el escandalosamente bello Patchouli 24, con notas de abedul quemado y pachulí ahumado, así como una de las fragancias urbanas más codiciadas, Gaiac 10 Tokyo.
Lo que hace que Menardo sea verdaderamente única es su capacidad para trabajar en cualquier segmento. Lleva fragancias exquisitas al consumidor masivo, creando éxitos para Yves Rocher (como el delicado Comme une Evidence y Rose Oud) y Oriflame. En 2018, tras 27 años en Firmenich, dio un paso muy sonado al incorporarse a Symrise, donde sigue creando. Sus últimos trabajos, como Boss Alive para Hugo Boss y las románticas composiciones para la marca nicho Une Nuit Nomade, demuestran que su energía creativa es inagotable. Annick Ménardo no es solo una creadora de perfumes, es una creadora de mitos fragantes que perduran para siempre.
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