El arte del marketing de perfumes: cómo se vende la fragancia
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Serge Mansau no es solo un diseñador, sino un auténtico artista cuyo nombre está inscrito para siempre en letras de oro en la historia de la perfumería. Este escultor y visionario francés, nacido en París el 18 de junio de 1930, ha regalado al mundo más de trescientos frascos icónicos, transformando el envase de los perfumes en una obra de arte por derecho propio. Su trayectoria es la historia de cómo el talento y el coraje pueden redefinir el lenguaje visual de toda una industria.
La carrera de Manso en el mundo de las fragancias comenzó con una respuesta audaz. Como diseñador teatral, recibió el encargo de diseñar una boutique para la legendaria Helena Rubinstein. Una vez, tras criticar el diseño del frasco de su nueva fragancia, Skin Dew, le retaron: «¡Hazlo mejor!». El elegante frasco que presentó en 1960 fue un éxito rotundo y le abrió las puertas de las mayores casas de perfumes. Fue el momento en el que no solo nació un diseñador, sino un creador que vio el alma de la futura fragancia en el cristal y la forma.
En 1964, Serge Mansau fundó su propio estudio de diseño, que rápidamente se convirtió en la sede creativa de imperios de la moda. Su estilo característico se ganó la confianza de titanes de la industria como Givenchy, Lancôme, Kenzo y Caron. Trabajó con Van Cleef & Arpels, Guy Laroche, Dior, Guerlain, Hermès y Narciso Rodríguez, creando no solo envases, sino una leyenda visual para cada marca.
El estilo reconocible de Serge Mansau es escultural, de líneas limpias y profundamente metafórico. Fíjese en la sensual curva de Givenchy Organza, que recuerda la silueta de una mujer con un vestido de noche. O el poético Kenzo Flower de Kenzo, con una amapola roja que se asemeja a un delicado capullo. Su genio se plasma en el misterioso cristal de Givenchy Ange ou Démon, el brutal cilindro de Caron L'Anarchiste y el disco soleado de Hermès Eau Des Merveilles. Cada frasco es una historia contada en el lenguaje de la forma.
La marcha de Serge Mansau en febrero de 2019 dejó un gran vacío en el mundo del diseño. Sin embargo, su legado sigue vivo en las estanterías y en los corazones de los conocedores de la belleza. Demostró que un frasco no es solo un recipiente, sino la primera promesa de una fragancia, su carácter y su destino. Hoy, cuando elegimos Lancôme Climat o Narciso Rodríguez For Her, tocamos una parte de su genio: el arte que hace que la perfumería sea verdaderamente inmortal.
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