Viaje a las fragancias: visitas a las capitales mundiales de la perfumería
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Naomi Goodsir es la encarnación del espíritu creativo moderno, cuyo viaje desde el mundo de la moda al mundo de la perfumería ha dotado a la industria de algunas de sus fragancias más atrevidas y emotivas. Esta diseñadora australiana de sombreros y accesorios, que creció en Sídney, siempre ha buscado la vanguardia en la expresión personal, trabajando con pieles exóticas y formas inusuales. Su transición a la perfumería fue tan natural como inevitable: para una artista como ella, las fragancias se convirtieron en una nueva y amplia paleta.
Un encuentro decisivo con el experto en la industria Renaud Coutoie impulsó a Naomi a crear su propia marca de perfumes. En 2012, Naomi Goodsir causó sensación en la exposición Pitti Fragranze. Su principio fundamental es que el perfume es como una escultura o un cuadro, un objeto material que cuenta una historia. Este estilo característico, arraigado en el diseño, define su estilo: las fragancias de Goodsir suelen ser cinematográficas, táctiles e intransigentes, en equilibrio entre lo bello y lo áspero, lo ahumado y lo floral.
Cada composición de la colección es un universo aparte. El icónico Bois d'Ascese nació de los recuerdos de los incendios forestales en Australia, encarnando la belleza áspera del humo y el incienso. La animalística Cuir Velours huele a su taller, a cuero, tabaco y ron. Su genio es reconocido por los maestros de la perfumería: para crear sus obras maestras, Naomi cuenta con las mejores «narices» del mundo, como Bertrand Duchaufour, que dotó a la marca de la rica y sensual Or Du Sérail.
No menos significativas son sus populares fragancias, adoradas por los conocedores de la perfumería nicho. El gótico nardo de Nuit de Bakélite o el frío y terroso iris de Iris Cendre demuestran que Goodsir no teme a los temas complejos. Su último trabajo, Corpus Equus, explora el tema de los establos y el cuero, confirmando su reputación como creadora de declaraciones olfativas atrevidas y memorables.
Hoy en día, Naomi Goodsir, que vive y trabaja en Francia, sigue traspasando fronteras. Su autoridad es tan ampliamente reconocida que el famoso hotel parisino Crillon le confió la creación de su aroma característico. Su historia es un ejemplo inspirador de cómo una artista visual con un gusto impecable y valiente puede reimaginar el lenguaje de los aromas. Naomi Goodsir no es solo una marca, es una voz segura en el mundo de la perfumería de nicho, que nos habla a través del humo, la piel, las flores y la memoria, creando fragancias que no solo se pueden llevar, sino que hay que experimentarlas.
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